jueves, 16 de enero de 2014

El Orco como figura filosófica



Orcos, goblins, trasgos, hobgoblins, orcos negros, uruk-hais, grandes trasgos, semi orcos, gretchins, snotlings… todo un decálogo de razas o subespecies imaginarias que engloban un conjunto de características comunes y que tienen una notoria aparición  en una gran variedad de mundos de fantasía.
Para referirme a ellos los llamaré “Orcos” o “Razas trasgoides”, únicamente para darle un nombre al conjunto de especies que varían entre sí únicamente en el grado de inteligencia, agresividad, tamaño y color de piel, pero no en su esencia última, que es ser el reflejo oscuro y malvado del ser humano.


Originalmente “Orco” es la deformación de un término, proveniente del inglés antiguo, que se refería a numerosos monstruos de la mitología celta. La existencia de estas criaturas fue inventada para dar explicación a los hechos de sangre y asaltos que ocurrían en los campos y bosques. En la mitología romana la palabra Orcus es sinónimo de inframundo y, en ocasiones, también es el nombre de un gigante hijo del dios Plutón. J. R. R. Tolkien fue el primero en utilizar la palabra orc («orco») para designar un tipo concreto de ser humanoide, de aspecto desagradable y actitud agresiva. Este tipo de «orco» proveniente de las obras El hobbit (donde Tolkien usa la palabra goblin, tradicionalmente traducida en castellano por «trasgo») y El Señor de los Anillos (donde Tolkien ya usa la palabra orc, traducida en castellano por «orco»)  es el que ha sido adoptado por las ambientaciones modernas de fantasía.
Las razas trasgoides se pueden dividir en dos clases bien diferenciadas: Los grandes, fuertes y extremadamente agresivos y los pequeños, cobardes, astutos y oportunistas. En el primer grupo encontraríamos al orco común, al uruk-hai, a los grandes trasgos o a los orcos negros. En el segundo grupo estarían en cambio los goblins, los trasgos, los hobgoblins o los snotlings. Dependiendo del mundo de fantasía los nombres de las razas son intercambiables unas por otras y por descontado no en todos los mundos existe tal disparidad de tipos de orcos.
A pesar de estas diferencias tanto físicas como mentales todos comparten claros elementos en común: La coloración de su piel va del verde al negro, los grandes y fuertes son notablemente superiores físicamente a los hombres o como mínimo iguales mientras que los pequeños y astutos son inferiores tanto en tamaño como en fuerza. Todos acostumbran a tener pronunciadas y bestiales dentaduras. Siempre aparecen en gran número, puesto que su fuerza real radica en la superioridad numérica. Su organización es jerárquica, siendo el líder más grande y fuerte el que gobierna. Todos tienden a ser muy limitados mentalmente, siendo los pequeños los más dados a organizar argucias y trampas, pero sin ser genios
en ningún caso. Su agresividad y ferocidad son remarcables, siendo los orcos de las razas “grandes” incansables guerreros que han nacido por y para la lucha, mientras que las razas pequeñas solo luchan cuando se les obliga o cuando la fuerza de su número es aplastante, a pesar de esa diferencia las razas trasgoides viven en general para la guerra y el saqueo.
En El Señor de los Anillos los orcos son una creación, una burla de la noble raza élfica, surgidos del barro y el sufrimiento. En la adaptación de Peter Jackson se puede ver claramente como son creados en serie en una especie de fábrica con grandes hornos alimentados con la leña talada de un bosque desforestado. Tanto Tolkien como Jackson identificaron al orco como el reflejo o metáfora del hombre industrializado: Nacido con un único propósito, la guerra, con toda su individualidad anulada por la masa, prescindible, pero aun así fuerte por su número. Emulan en cierta forma la clase
obrera reivindicada por Karl Marx, fuertes en números pero difíciles de movilizar  y organizar, baza de la que se aprovechan los caciques  y oligarcas en general. En otros mundos de fantasía se afirma con rotundidad que si la raza orca llegase a estar unida bajo un mismo estandarte conquistarían todo el mundo/galaxia sin oposición posible, solo su intrínseca belicosidad evita que eso ocurra, puesto que los orcos invierten el mismo esfuerzo en guerrear entre sí como con otras razas.
Planteemos un paralelismo práctico: La España actual, con más de 5 millones de parados y grandes sectores de la sociedad sufriendo los recortes de un gobierno que va sin rumbo fijo y que no convence a nadie. En los últimos años se han sucedido cientos de manifestaciones que no han modificado ni un ápice la resolución de nuestro gobierno de hacer pagar sus platos rotos a la clase media  y baja. Estas manifestaciones serían equiparables a pequeñas o medianas incursiones orcas contra ciudades bien defendidas por valerosos soldados de Gondor bien equipados. Causan algunas bajas, pero se les detiene y se les rechaza. Imaginemos ahora un gran Waaaagh! (los jugones de Warhammer y Warhammer 40000 me entenderán), una gran aglomeración de orcos, la unión de
cientos de tribus bajo el estandarte de un único líder, o en otro sentido una única concentración de la mayoría de parados y damnificados por los recortes o simplemente todo aquel que quiera cambiar drásticamente todo; pongamos que sean 3 o 4 millones de personas rodeando el Congreso, el Senado y la Zarzuela. 3 o 4 millones de personas que a un solo tweet, sms o señal cualquiera avancen inexorablemente con intención de reducir a escombros todos los símbolos de poder del gobierno que ya no los representa. Eso no sería otro Abismo de Helm… no. Sería más bien como la masacre de Osgiliath.  Habría muchas bajas, mucha violencia. Pero eso sería mucho más significativo y efectista que todas las concentraciones pacíficas habidas hasta la fecha. Hasta los valerosos soldados de Gondor con sus armaduras plateadas huyeron de Osgiliath al ver que no había forma de detener a los orcos. ¿Cuántos antidisturbios se mantendrían firmes al ver a cientos de miles de personas furiosas ante sí?
Por ahora he señalado semejanzas entre el orco y el ser humano, ¿pero qué hay de las sutiles diferencias? Ambas razas son humanoides, ambas tienen una sociedad organizada e idiomas propios, ambas son agresivas por naturaleza. Pero fijémonos con más detalle en un elemento común en toda la raza trasgoide: los dientes. Mandíbulas prominentes, grandes colmillos porcinos, caninos afilados, sucios y desiguales, bocas con muecas hoscas y babeantes… en resumen, facciones animales.
Como las bestias, los orcos también gruñen, rugen y hasta ladran como añadidura a su burdo idioma. Y de la misma forma que los animales carroñeros, se alimentan de cualquier cosa muerta (hasta de otros orcos). ¿Qué quiero mostrar con todo esto? Que las razas trasgoides no solo reflejan los aspectos más repulsivos de la humanidad sino que también acumular rasgos que consideramos desagradables de los animales.
Por tanto, son por definición y a muchos niveles la antítesis de todo lo bueno. Tal es su cúmulo de deplorables atributos que es realmente sorprendente que las razas “buenas” y “civilizadas” no se
hayan organizado seriamente para erradicarlos a conciencia.
¿Pero cómo extinguirlos? Tolkien dio como única referencia que nacieron de la tortura y degeneración a elfos, solo en la versión cinematográfica se aprecia su “fabricación”, mientras que en el mundo de Warhammer 40000 los orcos se reproducen por esporas, como si fueran hongos. Surgiendo en grandes cantidades en los lugares oscuros y húmedos por donde hayan pasado o habitado otros de su especie. ¿Cómo haces desaparecer una raza que puede ser fabricada por cualquier siervo del mal o que puede resurgir de los rincones más oscuros y recónditos del mundo? ¿No es justamente su forma de “nacer” o reproducirse un símbolo de su intrínseca necesidad de existencia?
Diciéndolo de otra forma, en un mundo donde existen criaturas de tal belleza y sabiduría como los elfos ¿no es lógico que sea necesaria su antítesis para poder justificar el poder y beldad de la raza élfica?
 Desde este punto de vista la humanidad puede situarse cómodamente en el punto de equilibrio de la balanza moral, siendo capaz de realizar acciones tan bondadosas como cualquier elfo o tan atroces como un orco.
Siguiendo esta línea de pensamiento podría insistir en un tema recurrente para mí y para mis filosóficos artículos: Eros y Thanatos, pulsión de Vida y Muerte. Esos dos instintos primarios que conviven en lo más profundo de nuestro subconsciente y que secretamente dirigen nuestra vida. Si el Eros se relaciona con la vida, el sexo y todo aquello vitalista no podemos más personificarlo en la figura de la raza élfica, raza que además en algunos mundos de fantasía se la critica por haber caído en los brazos del hedonismo y los excesos carnales. Por lo que, por extensión, quién mejor que las razas trasgoides para personificar a Thanatos, que se relaciona con la muerte, la violencia el odio…

Una última reflexión ¿Qué sería un mundo de fantasía sin la amenaza orca? ¿Dónde estaría la gracia de visitar Faerun, Azeroth, el cuadragésimo primer milenio o la Tierra Media? El orco debe existir porque la fantasía épica sin grandes peligros solo sería un bonito y aburrido paisaje.


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